El capitán experto que no podía atracar en el puerto nuevo
Un capitán con treinta años de mar, que había cruzado océanos y sorteado tormentas, llegó por fin a un puerto extranjero famoso por su comercio. Quiso entrar directo, orgulloso: «He navegado más que nadie, conozco este barco como mi casa.» Pero la autoridad portuaria lo detuvo: en aquel puerto, por sus bancos de arena y sus corrientes traicioneras, ningún barco —por experto que fuera su capitán— podía entrar sin un práctico local a bordo, alguien que conociera cada profundidad y cada baliza oculta. El capitán protestó, perdió días anclado fuera, viendo entrar a barcos peores guiados por quien sí llevaba práctico.
Cuando por fin aceptó subir a un práctico del puerto, este le señaló el canal correcto, esquivó los bancos invisibles y lo llevó a atracar en una hora.
No le faltaba talento como marino. Le faltaba el práctico que conocía las profundidades de ese puerto concreto.
El capitán seguía siendo el mejor navegando; solo necesitaba a alguien que conociera ESE puerto.
Tú eres ese capitán: un gran médico que ha navegado años de carrera y guardias. Pero el «puerto» español tiene bancos de arena invisibles —homologación, colegiación, MIR, residencia— que hunden a quien entra sin guía. Nosotros somos tu práctico.

